Novela móvil de Pino Díaz.

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS.

  Después de seis años, de tantas desilusiones y llantos; mi sueño se tornaba real, el test de embarazo da positivo.

 Después de seis meses de complicado y duro embarazo,  mi sueño se convirtió en pesadilla.

  Mi niña llegaba a mi mundo prematuramente, con sólo 969 grs. y 35 cms.

 Terror por su llegada acelerada y alegría por al menos poder verla a través de un cristal, y tocarla a través de las diminutas ventanitas de su incubadora, de su castillo de cristal.  A medida que pasaban los días, las horas, los minutos e incluso los segundos, experimentaba diversidad de sentimientos.

  Sentimientos como la decepción. La desesperación, la rabia, el fracaso, la alegría y la soledad…

  Y aunque anteriormente había experimentado todos y cada uno de esos diferentes sentimientos nunca fueron tan auténticos como entonces.

  Pero tras 52 días y medio, tras cruzar el umbral de la puerta del hospital y no antes, sentí felicidad, de esa verdadera, de la que dura minutos o incluso segundos. De esa que se graba en nuestro recuerdo, de la que no hay que buscar y de esa que a veces nos cuesta tanto reconocer en el día a día.

  De esa que debemos aprender a valorar.

  A valorar aunque a veces llegue acompañada de terror, miedo e incertidumbre.

 Con miedo, pero con esperanza y curiosidad y aunque pensemos que no pueden estar unidos sentimientos tan contrarios pero lo están con felicidad.

  Eso sentí cuando me dirigía hacia la U.M.I.

  Pero antes de mi encuentro con mi niña, la cruel y maravillosa vida me enseñó de frente la muerte.

  La muerte de un bebé.

  Allí estaba como advirtiéndome de que no me confiara, que allí podían ocurrir los dos grandes enigmas; el milagro de la vida y la triste y oscura muerte.

  Un día, otro día y otro día. Días…que a veces te recompensaban con buenas noticias, otros con malas noticias.

  Pero ahí estaba, el primer día que la enfermera te anuncia que la niña se encuentra lo suficientemente fuerte como para pasar unos minutos fuera de su castillo de cristal.

  Imaginaos después de un mes.

  La primera vez que mis brazos hacen de madre, de madre de ese diminuto bebe, conectado a tantas máquinas, llenita de cables.

  Envuelta entre toallas y sábanas, perdida en ellas…pero sólo por unos minutos.

  De nuevo que felicidad, pero…y  si su pequeño y frágil cuerpo no lo soporta?, o si …y otra vez el miedo.

  Pero llega el gran día, el día de volver a casa,  que ilusión, que alegría.

  La envuelvo en abrigo y amor y  con desconfianza cruzamos el umbral de la puerta.

  Esa puerta tras la cual nos esperan otra variedad de miedos, tristezas y llantos. Pero también alegría, rizas y felicidad.

                     Para ti, mi pizco, Andrea.

Autora: Pino Díaz – CEPA
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